II
Esto no se escribe a pensamiento,
se deja caer.
Escuchemos el ruido de la palabra.
No apaguen la luz, que pienso el miedo.
Mi cabeza quiere el nombre, pero no.
Mi cabeza se asusta porque le ha
nacido otro botón de sombra.
Yo la marchito, olvidándome.
No pienso detenerme en ella.
Es más, no pienso.
De lo contrario la luz
se detiene ayer de mí,
mañana de otro, o
quizás hoy indefinido,
indefinible,
in-de-fin.
Esto no se escribe a pensamiento,
se deja caer,
como la manzana en los ojos de Newton.
Primer indicio
Entro en el psico-espacio
sin tratamiento humano,
inhibo el hipo cristalino del dolor,
cubro con mantas ajadas
la fuerza color oscuro.
Ah, mi mente inconclusa,
la claridad no está en el amanecer
sino en el líquido amnios
de aquel primer día materno
donde la madre yacía
cuando la criatura lloraba su miedo.
Es antiquísimo el espacio psico,
el espacio luto, la tontería
de una dimensión tan extraña
como la palabra misma.
Ah, esta historia mal puesta,
que no hay río que la sonría,
que no hay lluvia que la lleve,
que no hay mar que la mueva.
Regreso al punto de inicio,
adonde siempre se retorna,
del síntoma al espacio psico-flexible,
tartamudeando en lo puro,
en la sonrisa redonda como la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario