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Del libro "Desde la extraña sinfonía del ojo" Ed. Catauro 2014
































Un momento de calma (eso pienso)

Quizás deba elogiar un tormento dentro de tu desgracia prolongada, como un suspiro, antes de marchar, antes que la gota decida su trasgresión y crepite en el vacío o la gloria inventada. El orgullo que sostienes, inútil, bajo el eco doloroso del barrote, te ha mencionado, recuerdas, el no-sitio y el no-habito para cuando pienses en el viaje de hombre sin culpa, regreses la mirada al derredor y describas esos cuatro golpes en la frente:

 
1- Hombre mirando al espejo

Entre la ceja clara y el arco de mi asombro
una irreverencia del aire,
el pecho alargado por un corazón que desciende
mientras pateo el hueso que glorifica al hombre
y me entrego a la fiesta de los canes hambrientos.

Me piensas, luego existo.
Te miro,
y no pareces habitar en la mirada extraña.
Eres lo real, lo incorpóreo,
el inasible tacto cuando pincho mi ojo.
El dolor es cierto, tú lo inventas.
 
Mi mano en el pecho del otro,
que es él mismo, quizás yo mejorado,
anuncia la nueva versión de perderme.

Me desnudo para mirarme desnudo,
me desnudo para mirarte,
me desnuda la simplésima parte de mi ser.

(risas en el público)


2- Hombre mirando el reloj de pared

8:55. El tiempo abandona el oficio,
se sienta a mi lado a gastar las horas,
para no ser más la fisura dejada en el labio
del que aprisa pinta la noche como luto del día,
como abrazo que se adueña del instante.

Somos dos para un sólo momento de calma. Me conversas de tu aventura en el hombre, sin padecer la palabra que nos iguala. No pienso detener el tiempo con el tiempo. Somos inevitables, y no entiendes que marchar es la costumbre.

(8:56. murmullos)


3- Hombre mirando un cuadro en blanco

Celebro nuevamente el egoísmo de ser o no ser.
Trazo en el aire una figura, como el delirio,
y de trasfondo el blanco
que precipita el desciframiento de la vida.

Qué más da caer o no caer, ya no hay preguntas, tan sólo una tos ecológica, siempre sana, que interrumpe la paz de los atrios.

De quién será mi muerte podría ser una variante, ahora que el grito se ha agotado y de paso está la queja, el soliloquio.

Soy el autorretrato del encierro,
un punto en el enorme-blanco de este cuadro.

(algunas lágrimas)


4- Hombre mirando...

No sabré la parte sana de mí,
Ustedes han herido todo.
La osamenta golpeada tendré
cuando hayan partido los pájaros
en mi último gesto.

Dónde llevar la existencia sino en lo callado,
en la pátina que golpea la sombra.

No seré el juego de las paredes que se entrecruzan
y continúan su derrumbe
bajo la circunstancia de un goteo.

Seré el destino como incesante mano mutilada.
Seré la angustia.

(aplausos)

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